Nuestra Escuela

Un emblema educativo

Pensar en el Instituto Félix Fernando Bernasconi no es sólo situarlo en el marco de los proyectos consolidados desde su creación hasta ahora, es decir en una mera exposición enumerativa que exalte su nombre y el prestigio adquirido tanto en nuestro país como en el exterior. Implica además internarse en los laberintos de la historia nacional a través del submundo de los arquetipos humanos y de las figuras emblemáticas de una ciudad como Buenos Aires, generadora o testigo de las transformaciones sociales y culturales sufridas a partir de su fundación.

El Establecimiento nace precisamente a cinco años de producirse un acontecimiento significativo en la vida de la República como lo es el ascenso al poder del doctor Hipólito Yrigoyen, el primer presidente elegido a través de la Ley Sáenz Peña que instaura el voto secreto, universal y obligatorio. Son años de fuerte irrupción de la clase media en los diversos estamentos de la sociedad y de discusión en torno de la educación al calor de la Ley 1420 constituida entonces en un eficaz instrumento de defensa de la escuela pública.

En ese contexto socio-cultural, el 26 de septiembre de 1921 se coloca la piedra fundamental que genera al Instituto Bernasconi en los terrenos de la antigua quinta del Perito Francisco P. Moreno, en un acto apadrinado precisamente por el Presidente Yrigoyen.

Además del trascendente carácter cívico que reviste, la construcción del edificio escolar es el resultado de los gestos solidarios de Félix Fernando Bernasconi, quien, antes de morir dona sus bienes al Consejo Nacional de Educación. La condición que establece es que en gran parte sean destinados a " la edificación de UN PALACIO PARA ESCUELA en la ciudad de Buenos Aires, dejando en plena libertad al Consejo mencionado para que elija el sitio donde deberá levantarse dicho edificio" , según reza el testamento redactado nueve meses antes de su deceso, el 21 de junio de 1905.

El sueño de Bernasconi se concreta en 1929 con la inauguración de este "palacio", que es el único en el país y entre los países del Mercosur.

La propuesta edilicia que habían elegido las autoridades del Consejo Nacional de Educación en 1918 es del arquitecto Juan Waldorp (h). Inspirado en el estilo florentino, aunque con notorias influencias clásicas, goza de una perfecta simetría y armonía entre todos sus perfiles. Pero apenas concluidas las obras, el Consejo Nacional de Educación se concentra en definir el perfil de la nueva Institución y así, a través de una minuciosa y detenida lectura de diversos proyectos, termina eligiendo el del vocal Guillermo Correa, inspirado en la Ley 1420 que destaca la función técnica y administrativa en el orden federal, nacional y provincial, poniendo el acento en el aspecto regional.

El Instituto, ha sabido además recoger los más diversos aportes intelectuales. Uno de ellos se refiere concretamente a Rosario Vera Peñalozza, conocedora de la psicología infantil que se dedica con ahinco a trabajar en la creación del Primer Museo Argentino para la Escuela Primaria, y que tiene su sede en el Establecimiento de 1929 a 1947. Tampoco podemos obviar la contribución de Marta Salotti, quien concibe la educación a través del afecto y pone sus grandes esfuerzos en estas aulas.

El Instituto Félix Fernando Bernasconi ha inaugurado un modelo educativo de marcado acento humanístico y abierto a toda la comunidad regional y nacional.

Nuestro patrono

Juan Angel Golfarini (1838-1925) nació en el Uruguay, pero estudió y se recibió de Médico en Buenos Aires. Al declararse la Guerra del Paraguay, en 1865 se incorporó al ejército con el grado de Ayudante Mayor Asimilado, y por su actuación en la misma fue condecorado y ascendido en dos ocasiones. Fruto de aquella experiencia, Golfarini escribió la obra "La carrera de un Médico Cirujano" y una recopilación de artículos que publicara en el "Diario de Comercio". En 1868 y de regreso en Buenos Aires rinde la tesis para ser declarado doctor en Medicina, pieza que ahora ofrecemos en su publicación de la época. En ese año estallaba la epidemia de cólera en Buenos Aires y él actuó como Médico Interno del Lazareto, y encargado de redactar la memoria oficial de la epidemia. Fue además secretario del Consejo de Higiene Pública de la provincia de Buenos Aires. Su actuación en la epidemia fue encomiable; pues habían muerto los principales médicos de la ciudad: luchó de tal manera contra el flagelo que por sus importantes y humanitarios servicios prestados se le otorgaron las medallas de la Cruz de Hierro y de Oro de la Municipalidad de Buenos Aires. Su labor científica continuó por el camino más meritorio.


Un paseo por nuestra escuela...